riskop

Just another WordPress.com site

Estrategia Nacional de Energía, la necesidad de voltear hacia el sur

Recientemente fue aprobada, por parte de la Cámara de Senadores, la Estrategia Nacional de Energía 2013-2027 (ENE), propuesta por el Ejecutivo Federal a fin de trazar las principales acciones en materia energética en los próximos 20 años.

El documento es sumamente interesante, pues realiza un diagnóstico serio del estado que guarda uno de los sectores más estratégicos para la economía nacional y que es, a todas luces, una de las piezas angulares sobre las que descansa el futuro de México.

Ciertamente, la Estrategia Nacional de Energía recalca la urgente necesidad de emprender una serie de reformas estructurales que permitan detonar el enorme potencial energético del país, como la apertura a la inversión privada en ciertas áreas de la exploración y explotación petroleras, o la participación de capital privado en la construcción de obras de infraestructura clave como gasoductos o poliductos.

Sin embargo, y aunque no es el objetivo del documento, la ENE deja entrever una realidad profundamente preocupante: en la medida en que el centro y el norte del país experimentan un despegue económico importante, la gran mayoría de las inversiones energéticas se concentran en dichas regiones, dejando al sur-sureste todavía más rezagado.

Podríamos llamar a esta condición la “espiral del subdesarrollo”, pues a medida que el sur-sureste se rezaga más y más, los costos de inversión en obras de infraestructura energética aumentan a tal grado que terminan enfocándose en las regiones más competitivas del país.

La Estrategia Nacional de Energía señala algunas de las condiciones que amplían la brecha del desarrollo entre el sur-sureste y el centro-norte:

1)      Mientras que en el sur-sureste el 70% de los hogares utilizan leña para cocinar y/o calentarse, éste porcentaje es de apenas el 9% en el norte, donde el gas LP y el gas natural son los combustibles más utilizados.

2)      A propósito de lo anterior, dice el propio documento “…Los municipios cuyo IDH (Índice de Desarrollo Humano) presenta los valores más bajos en el país, son los que manifiestan un rezago en el uso de combustibles líquidos y utilizan en su mayoría leña…”

3)      En el sur-sureste, no existen gasoductos importantes que permitan transportar gas natural a zonas urbanas potencialmente en crecimiento, lo que impide el desarrollo de zonas industriales y, por consecuencia, la creación de dinámicas de expansión económica.

4)      La mayoría de los insumos energéticos -gas, gasolinas, otros derivados del petróleo- en el sur-sureste se transportan vía autotransporte de carga, lo que aumenta considerablemente el costo de los mismos para el usuario final.

5)      Ninguna de las obras de infraestructura energética de tipo estratégico proyectadas para los próximos años tiene lugar en el sur-sureste, sino en el Bajío, Norte y Occidente.

Si a la carencia de infraestructura energética agregamos las graves deficiencias en materia de carreteras y sistemas ferroviarios que prevalecen en la zona, no es difícil imaginar la complejidad de cualquier política de desarrollo regional que quiera romper con las sinergias del subdesarrollo en el sur-sureste.

Esa política habría de plantear, en principio, una serie de acciones emergentes en infraestructura de comunicación y energética para evitar que el sur-sureste se siga “desligando” de los principales polos de desarrollo del país.

Sin embargo, más allá de consideraciones de tipo económico -sin duda importantísimas- este tipo de acciones requieren de una planeación de riesgo-entorno sumamente cuidadosa, que aborde aquellos elementos comunitarios, ambientales, de seguridad y políticos que se entretejen en el ecosistema de cualquier proyecto de infraestructura de gran envergadura, y que garantizan su éxito o fracaso.

En este sentido, y aunque la Estrategia Nacional de Energía no busca detonar el desarrollo de la región sur-sureste como su objetivo principal, sí nos recuerda la urgente necesidad de emprender acciones de política pública tendientes a “ligar” dicha región con los principales centros de desarrollo industrial del país.

De no emprenderse proyectos de infraestructura energética y de comunicaciones en el sur-sureste en el corto y mediano plazos, dicha región seguirá navegando sola hacia el fracaso económico y social.

La Estrategia Nacional de Energía no es únicamente una apuesta al futuro, sino un recordatorio del riesgo de no voltear a nuestro sur.

Pd. El desarrollo de proyectos de infraestructura de gran envergadura requiere de una correcta inteligencia de riesgos. En zonas como La Ventosa, Oaxaca, este tipo de proyectos se han visto bloqueados por estructuras informales de poder que no fueron debidamente indentificadas en la fase de plenación.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: